SER COMO NIÑOS

Por: Fernando Castro
Santiago de Chile, 4 de agosto de 2010
Mientras Jesús caminaba dando la Enseñanza Espiritual, sucedió que le trajeron a unos niños para que les diera su bendición, al ver esto los discípulos reprendieron a la multitud, pero Jesús con voz dulce les dijo: “Dejen a los niños, y no les impidan que vengan a mí, porque el Reino de los Cielos pertenece a los que son como ellos” y después de haber dicho esto tomo a los niños, les dio su bendición, y se fue de allí.
Por supuesto que detrás de esta acción Jesús nos quiera decir algo en referencia a que el Reino de los Cielos pertenece a los que son como los niños, así que cabe preguntarse ¿y cómo es un niño? Un niño es un ser frágil y sencillo, no posee nada, no tiene codicia, no conoce la envidia, sabe de su pequeñez y delicadeza. Asunto de mayor importancia cuando se quiere desenvolver la Conciencia Cristica o el “Dios Interior” en donde vale la sencillez de corazón, la pureza y la humildad.
Así que en cuanto a tener ese derecho de permanecer en el Reino de Dios se ha de ser de alma sincera y manteniendo el corazón en el “Concepto Inmaculado”, decorado con la sencillez de los pensamientos correctos, aquellos que solo buscan el bien, no ambicionando honores ni deseando ser considerado y jamás traicionar al que nos ama. En otras palabras ser como un niño es lo que cuenta para obtener la Conciencia Cristica, porque la vida ama y abraza a los que así son; se digna tenerlos y prosperarlos.
Por eso Jesús dice “Dejen a los niños, y no les impidan que vengan a mí” porque está claro que con ello nos da una gran enseñanza a considerar; de que aquel que vive en conciencia de su “Dios Interior” es manso y digno de ejemplo, por eso Jesús nos dice: "Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón".
En este caso podemos también considerar que el Reino de Dios es alcanzable por medio de la virtud de la humildad, pues quien viva con el rostro elevado a Dios y con la cabeza declinada a la tierra, tendrá entonces el galardón de la “Santa Humildad” como premio, premio que se le otorgará en el silencio del alma y en la intima relación con lo divino, sin que ninguna de estas acciones sea visible para hombre alguno, salvo por el grado de darse por entero a los demás, aunque en esto la vida se le fuera.
Por esta razón Jesús nos invita a ser como niños, porque en ellos las virtudes de Dios no están contaminadas, ya que siempre en ellos se puede observar la docilidad y la buena voluntad.
Así que es en el despojarse de sí mismo y vivir así constantemente moldeado por la mano invisible del creador, es como se puede alcanzar el Reino de Dios en cuya voluntad se ha de permanecer asido para siempre.
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