VIVIR EN GRATITUD A DIOS
Por: Fernando Castro
Santiago 21 de noviembre de 2010
Todo el mundo vive en un constante estado de queja sin permitirse un instante en observar las cosas que posee y mucho menos agradecer a Dios por ellas. Jamás se nos ocurre decir “Gracias Padre” por aquellas posesiones que nos parecen insignificantes y no sujetas al agradecimiento por tenerlas y que nos hacen la vida más fácil como por ejemplo: un lápiz, por el papel en que estás leyendo estas palabras, por tu ropa, tu auto, etc. La lista es larga, sin contar las cosas grandiosas que poseemos y que Dios nos dio, como los ojos para ver y no ser ciegos a la luz, los oídos para no ser sordo a las bellas palabras de amor, la nariz y el olfato para oler el perfume de las flores y la boca para hablar comunicarnos y tener correctas palabras. Decir gracias por lo que poseemos nos brinda un estado de conciencia mágico que nos capacita para que la vida nos provea y tengamos más de lo que soñamos tener alguna vez.
Todos tenemos grandes y pequeñas cosas por las cuales dar gracias, no existe nadie en este mundo que no tenga un motivo de agradecimiento por el cual expresar gratitud a Dios. Vivir en verdadera acción de gracias es vivir en la expresión voluntaria de una gratitud de corazón por todos los beneficios que se reciben de parte de Dios.
La efectividad de esta acción de gratitud depende de la sinceridad, así como su intensidad depende del valor que se le dé a los beneficios recibidos, ya que si no se valora por ejemplo la vida que se posee, entonces todo lo demás pierde su valor.
Y cuando se tiene ese sentimiento que nos obliga a estimar el beneficio o el suministro de toda cosa buena que recibimos y a corresponder a él de alguna manera, todo cobra valor, tan solo por ese acto, por eso San Pablo, el apóstol de Jesús, nos dice: “A Dios Vayan las gracias por su indescriptible dádiva gratuita”, pero no debemos olvidar que esta Acción de Gracias es algo completamente personal e intimo de cada uno con Dios.
Hay obligaciones que nos corresponden a cada uno de nosotros y que al vernos impedidos de poder realizarlas otro podría asumirlas, sin embargo nadie puede asumir por nosotros dar las gracias a Dios por lo íntimo de su acción. La acción de gracias no es pagar por el bien recibido; más bien es reconocer con gratitud todo el bien recibido y asumir internamente que se está endeudado con el Todo Dador. Pues si se medita profundamente esto se verá que no hay pago material que pueda hacerse a Dios por todos sus beneficios que son inmensurables e incontables. Sin embargo lo único que puede asemejarse a este amor del Padre Eterno que no tiene medida, es la gratitud humana. También tenemos otra forma de agradecer a Dios y es mediante la adoración y alabanza a su Poderosa Presencia en todo, recuérdese lo que San Pablo dice: “Dios ama al dador alegre”, puesto que la gratitud es la sonrisa del corazón complacido y en la medida de tu gratitud para con Dios, está también la medida de tu corazón.
No olvidemos que Dios es el que suministra abundantemente la semilla para el sembrador y es Él mismo que provee las lluvias para que germine y el que la hace germinar. Y no termina su exquisito amor en esta acción, sino que suministrará y multiplicara la semilla para que tenga nuevamente el sembrador para sembrar, así que la paga sabia a Dios, es su GRATITUD.