VIVIENDO EN SANTA OBEDIENCIA

Por Fernando Castro
La acción de obedecer en el sendero no conlleva a que el estudiante viva prisionero bajo el mandato y voluntad de quien lo instruye, más bien está encaminada a que aprenda a vivir en armonía y respeto de si mismo y hacia los demás, desechando la terquead de la personalidad, aquella que es una especie de obstinación ciega y ridícula, que obstruye el buen razonamiento y por consiguiente su avance en su entrenamiento espiritual, ya que en la medida que se obedecen las sugerencias que se dan para hollar este sendero, también es un modo de examen de conciencia que irá a aumentar la verdadera tolerancia en el candidato, aquella que está compuesta de cordura y elevada inteligencia.
La obediencia en el sendero desarrolla el verdadero valor, ya que nace de este gran esfuerzo de conocerse así mismo, mediante el control emocional y mental, siendo tan natural como la propia respiración, dándole vitalidad a quien viva en la actitud de la Santa Obediencia, recorriendo el sendero y calzando las sandalias de la humildad, con la cabeza declinada en respeto a la vida y a la Enseñanza.
Recordemos esto en las palabras de Jesús, cuando nos dice; “O hagan el árbol excelente y su fruto excelente, o hagan el árbol podrido y su fruto podrido”, el árbol excelente eres tú, cuando te apegas a tu conciencia Cristica y vives como un Cristo desenvuelto, con los buenos frutos de los Siete Aspectos de Dios, airosos a los cuatro vientos y viviendo de acuerdo a los Siete Principios Universales, practica que te hará ser como un árbol de tronco leñoso, fuerte y elevado, que se ramifica hasta llegar al cielo, desde el suelo donde moraba y cuyas raíces fueron regadas por la “Santa Obediencia”.
Esto es vivir en forma recta, leal y de comportamiento noble, equilibrado, generoso e inteligente. Quien así viva, sus acciones estarán guiadas por el respeto de si mismo y de los demás, viviendo en una perfecta unidad con todos, a esto Jesús le llama; “fruto excelente”.
Cuando no se vive en la Conciencia Cristica, entonces no se puede ser de “fruto excelente”, ya que se es un ser dividido, en múltiples fragmentos, repletos de temores y complejos. Y ser un Cristo Desenvuelto, exige la armonía de la totalidad del ser humano.
Así, la obediencia a las reglas o consideraciones dentro del sendero, sirven de medida y que se han de ajustar a nuestras acciones para que resulten rectas.
Solo de esta forma, seremos reconocidos como árbol de “excelente fruto”, ya que la acción de obedecer a los requisitos que se requieren para ingresar al sendero, harán un fruto de pulpa dulce, que no necesitará de reconocimiento de su néctar, ya que los mismos ángeles rodearán tan generoso árbol de excelentes frutos, como aves en jolgorio, por tan celestial hallazgo, por eso Jesús nos advierte, diciendo; “Porque por su fruto se conoce el árbol”.
Obrar voluntariamente en obediencia es obrar por razones concientes, que es una cualidad humana que consiste en prever las consecuencias de ciertos actos nuestros, así que en nuestro trato con los demás, siempre debe primar la razón, ya que nuestra voluntad por si misma es indiferente a las rectas relaciones humanas si no se educa, y ésta se inclina más al lado del error que del bien, resultando ser ciega, es decir que es totalmente impulsada por actos de nuestro subconsciente.
Por eso necesitamos de las luces del entendimiento, mediante el desenvolvimiento de la observación de nuestra conducta, que nos permite dirigirnos en rectitud hacia el bien.
Así, pues, para tener una perfecta voluntad, se requerirá ser un Cristo Desenvuelto y para esto están las observaciones de las consideraciones, que nos han de llevar a la obediencia y vivir en nuestra “ermita interior” permanentemente, la que debe estar despoblada de todas las malas acciones del “yo personal” y solo así, salir a prestar servicio.
De esta forma nos libraremos de la falta de comprensión y del pensamiento negativo, y por esta causa nos alejaremos de las inclinaciones instintivas como las malas palabras y el mal proceder.
Todo esto, nos lleva a vivir de forma recta, sin doble intenciones y generando curvas en lo que debe estar derecho. La rectitud obediente es el madero al que se debe asir el verdadero Estudiante Espiritual, madero que es la Santa Obediencia.
Veamos en las palabras del Maestro Jesús, esta conducta Cristica, donde nos señala lo siguiente; “Proles de víboras, ¿Cómo pueden hablar cosas buenas cuando son inicuos? Porque de la abundancia del corazón habla la boca”. Es aquí en donde más que en ninguna otra palabra del Maestro, podemos apreciar la firmeza de sus dichos, ya que al decir “prole”, está refiriéndose, al conjunto de personas que tienen algún tipo de relación entre si, y que son de conducta contraria a la igualdad de ánimo y de bondadosa templanza y que no tienen como conducta dejarse guiar, o fallar por la conciencia en apego al buen discernimiento.
Cuando dice “víbora”, se refiere al proceder de algunas personas con tendencias a las malas intenciones y de “lengua venenosa”, cuyo veneno procede de la abundancia de “arquetipos-negativos”, alojados en el subconsciente y que determinan su conducta en todo lo que hacen, dicen y hablan. Nos sigue diciendo; “El hombre bueno, de su buen tesoro envía cosas buenas; mientras que el hombre inicuo, de su tesoro inicuo envía cosas inicuas”. Aquí señala a aquel que tiene bondad y que posee disposición de ánimo, que lo mueve a dar a cada uno, lo que se merece, en conformidad a la abundancia de bien que le es asegurado obtener, gracias a su obediente Conducta Cristica, ya que quien viva en su Cristo, obtiene de éste, todo el haber de toda cosa buena acumulada, y que posee en abundancia, sin embargo aquel que no vive en su Cristo, posee cosas en abundancia, pero que no son útiles en el sendero, por no estar libre y exentas de toda la mezcla de otra cosa que no sea LA CONCIENCIA CRISTICA.
Le conviene mucho al estudiante espiritual, estar en observación constante de las reglas o consideraciones, que son ejercicios espirituales, que a modo de examinar la conciencia, mediante la meditación y la contemplación, vienen a ser como el ejercicio físico lo es para el cuerpo, que de tanto entrenar en las destrezas que le son sugeridas, para el desarrollo muscular, logra aumentar la fuerza y la voluntad, que le permitirá al candidato más adelante, responder prontamente para todo aquello en que se le requiera, pero con aquel entrenamiento por aval.
Así mismo, las consideraciones o ejercicios espirituales preparan y disponen al Discípulo, para quitar de si todas las afecciones, inarmónicas que lo aquejan y después de quitadas, se está en disposición para buscar y hallar la Voluntad Divina, en la disposición de su vida para la salud del alma.
Por eso, aquel que tiene buena disposición a cumplir la voluntad de quien le sugiere las consideraciones, para su buen desempeño en el transitar por el sendero y que puede ser su facilitador o prior, es la medida que permitirá determinar, si es buen candidato para pastorear en pureza, los rebaños de Dios, cuando la vida así se lo ofrezca, ya que si considera que la autoridad es un medio, que tiene envergadura real y respeta totalmente a las personas que están a su mando o pudieran estarlo en un futuro próximo, realizándolo en apego a la democracia en su estado puro, entonces podemos decir, que es autoridad autentica y dadora, porque está llena de riqueza y fuerza.
Se debe considerar el trato interno, ese que nosotros mismos tenemos con nuestras propias actitudes, en donde debe primar la cordura y la buena razón, ya que de otra forma estaremos en el ejercicio del autoritarismo y si tenemos a cargo el santo oficio de pastorear el rebaño de Dios, podemos destruir lo que en años la vida a realizado con esmero, al escoger las almas para su realización y si se considera el mando como un fin en si mismo, todo puede destruirse a causa de esta necesidad de dominar, ya que ese mando, viene a representar para quien lo padece, la seguridad interior y es cruel y rechazará toda discusión de su dominio.
Si se entiende bien esto, entonces podemos hacernos en el buen ánimo de considerar vivir en obediencia, ya que sólo así, se destituye el dominio del “yo personal”, sin olvidar estar poseído de la alegría.
Para nuestro entendimiento tenemos las siguientes palabras del Maestro Jesús que nos dice; “El discípulo no es superior a su maestro, ni el esclavo superior a su señor”. Es decir, que aquel que aprende una enseñanza deberá seguir las reglas o consideraciones de quien enseña, no importando que se sienta mayor o superior a éste, ya que la distancia que hay entre el discípulo y el Maestro, no se mide en medida humana, sino en eternidades, las que no son visibles al “yo personal”, y no hay forma de superarla, por lo tanto en conformidad a la “Santa Obediencia”, las palabras del Maestro se han de seguir y respetar, aun cundo se viva en tiempos muy posteriores a cuando las estableció.
Así, que en cuanto a vivir en conformidad a la “Santa Obediencia”, dice Jesús; “Le basta al discípulo llegar a ser como su maestro, y al esclavo como su señor”. He ahí la regla de oro en las consideraciones, todo lo demás tómese como actividad y reclamo del “yo personal”, que no ha de considerarse, a menos que se someta al purgante que el alma tiene para estos estertores del ego, LA MUERTE PSICOLÓGICA.
Téngase presente que la Santa Obediencia, es aquella en la que se está libre de la culpa que pueda venir del “yo personal”, por vivir consagrado al servicio, ya que ésta, viene al no tener ese “eco interno”, que es a modo de velamen que hace navegar en silencio, en un mar embravecido, aquel mar que les resulta a todos aquellos que pretenden salir de la tierra del engaño y la ilusión, osando ir a la otra orilla, en donde se mantendrán a salvo por siempre, siguiendo el fuerte impulso del alma que los alienta a Dios, siendo su barca la Conciencia Cristica y su timón, la Santa Obediencia.
Por eso Jesús nos dice; “Si alguien quiere venir en pos de mi, repúdiese a si mismo y tome su madero de tormento y sígame de continuo”. Es que si alguien quiere lograr la Conciencia Cristica, debe ir, detrás de su Cristo, en la acción y efecto de renunciar a los hábitos del mundo, olvidándose de su “yo personal” y así, tome su pieza de “madera” o los ejercicios de la Santa Obediencia”, que están destinados a la construcción de un estado de conciencia, apegado a la firmeza de propósito, en esta Aspiración Divina, y de esa forma genere molestias al ego, hasta lograr que éste, sólo esté al servicio de la Magna Presencia de Dios “Yo Soy”, en forma constante y perseverante.
“No a de olvidar el estudiante, que siempre es tiempo de obedecer, cuando se está al firme resguardo de quien solo aspira a dejaros en las puertas de Dios, en cuyos mandatos ha de procurar ir, porque estos son como las espinas del rosal, que protegen a la rosa, hasta que airosa en el cielo se abra, en el jardín del creador, perfumando eternamente, ya que a medida que la rosa asciende, éstas espinas ya no se justifican, haciéndose cada vez más débiles, hasta ser una simple hoja depuesta, ya que su finalidad es que la rosa, se abra al creador y no que las espinas permanezcan”.
En la Santa Obediencia, tiene el discípulo su mejor aliado, ya que de esta forma es investido con aquel habito invisible de la otra virtud que le antecede, pero que sólo con la obediencia activa, le es dada al alma, vestir al candidato, y esta es la humildad. Jesús nos dice; “Porque el que quiera salvar su alma, la perderá; pero el que pierda su alma por causa de mi, la hallará”. Esto es, que si buscas la Conciencia Cristica, con doble intención y bajo los intereses propios del “yo personal” y para librarse del riesgo de perder la Gloria y la Buenaventura Eterna, además para poner en seguro su propia alma, olvidándose de los demás, entonces esta misma actitud inegoísta, que no está en armonía con todo, lo dejará desprovisto de tener aquello que poesía, su derecho a la Gloria y la Buenaventura Eterna, siendo esto, la culpa solo de su poseedor.
Pero renunciando a la Gloria y Buenaventura Eterna del Cristo totalmente desenvuelto, por alcanzar a otros a esta orilla de salvación, obtendrá esta gloria sin buscarla y entonces el cielo le dará el galardón de obtener la Gloria Eterna, y será elevado por los aires en un carro de fuego blanco, en la victoria de la Ascensión.
Todo esto, solo puede ser el resultado de un candidato al sendero, que postrado en Santa Obediencia, viva en su ermita interior, desprovisto de todo, salvo de su Conciencia Cristica, en donde ha de hallar refugio y buen sostenimiento a todo lo que le depara el transitar tan encumbrado y difícil sendero, de frutos dulces para el alma y de sin sabores para el “yo personal”.
Viviendo en Santa Obediencia, se tiene garantizada la entrada a los asuntos propios del alma, pues, ésta traza una ruta invisible entre el candidato y la morada, en donde Santos y Ángeles y aquellos que logran la bienaventuranza, gozan de la Presencia de Dios Yo Soy el Absoluto, ministrándole Paz y Provisión de todo lo que le sea necesario para sostenerse en su Divino Propósito y es así, de este modo, como el cielo responde al candidato.
En esta Santa Obediencia se vive en continua ascética y en contraposición a uno de los enemigo del alma, el mundo, a modo de resguardo de tan preciado tesoro, el Santo Ser Cristico.
Resuenan en los éteres de la tierra las palabras del Maestro Jesús, aunándose a este resguardo, con la fuerza de mil truenos, preguntándonos directamente a fin de que nos movamos con firmeza a desenvolver nuestro Cristo; “Porque ¿de qué provecho le será al hombre si gana todo el mundo, pero lo paga con perder su alma?”
No olvides que la Santa Obediencia, viene a ser como un yugo, que es ese “madero de tormento”, del que nos habla Jesús, que hay que tomar para que forme yunta uniendo la Voluntad Divina con la humana, en donde se ha de sujetar el sagrado pértigo, que es la humildad, y de esa forma seremos guiado por el firme timón de nuestra Presencia “Yo Soy”, la que vistiéndonos con la inconsútil túnica de la renuncia, aquella sin costuras, nos dejará a las puertas del cielo.
Esto es en respuesta al Maestro Jesús, cuando nos pregunta; “O ¿que dará el hombre en cambio por su alma?”. Entonces, nuevamente diremos con toda nuestra disposición en resuelta renuncia y sagrada convivencia, con los asuntos del alma, viviendo en Santa Obediencia a nuestro Cristo, a los Santos Maestros y a Dios, “Padre mió, efectúese tu voluntad”.
 |
| ESCUELA METAFÍSICA DE CHILE |