VIVIENDO EN SANTA CARIDAD
Por Fernando Castro
Quien quiera vivir
en santa caridad ha de vivir de continuo en la Practica de la
Presencia de Dios, amando ésta Presencia por sobre todas
la cosas y a los demás como así mismo.
Tener amor a algo o a alguien pasa por ser conciente de si mismo
y esto debe ser el resultado de un análisis psicológico
que traiga a la conciencia los acontecimientos bloqueados en el
subconsciente. Ya que de este modo nos enteraremos de las desviaciones
internas que aprisionan la personalidad e impiden la voluntad.
Conocernos a nosotros mismos nos ayuda a dar a los demás
aquella asistencia justa, clara y a la vez espontánea,
impidiendo que comencemos a practicar esa seudo-espiritualidad
en donde nos mostremos llenos de las cualidades de un Cristo Despierto,
sin serlo, falseando la caridad, por vanidad.
No olvidemos que la caridad es una virtud Cristica, opuesta a
la envidia y a la animadversión, aquel enojo y mala voluntad
contra la humanidad, que impide la identificación mental
y afectiva con el sufrimiento de ésta, privándola
del auxilio que necesita.
Por lo tanto la santa caridad está en justicia y razón
con la unidad, la que no se puede jamás privar o negársele
a ninguna criatura sensible.
Así, el que aspira al Sendero Espiritual, deberá
mantener una actitud solidaria con el sufrimiento ajeno y jamás
nunca olvidar estas palabras del Maestro Jesús; “El
que quiera llegar a ser grande entre ustedes tiene que ser ministro
de ustedes, y el que quiera ser el primero entre ustedes tiene
que ser esclavo de ustedes”. Esto significa que el quiera
superar en tamaño, en importancia, o dotes de la Conciencia
Cristica al común de los demás, sea entonces de
abundante caridad, rendido, obediente y enamorado, así
como sometido rigurosamente al deber de servir. Sea también,
quien ministre en abundancia la enseñanza y destierre la
ignorancia. Sólo así será excelente y grande,
que sobresaldrá y excederá a otros en lo interior,
por llevar totalmente desenvuelto el Cristo que lo hace corresponder
a otros en santa caridad.
Para vivir en santa caridad no se tiene que estar dividido con
el prisma del “yo personal” que permanece roto, destrozado,
dividido en varias partes, ya que tan pronto obra una de las partes,
obra otra. Aquel que obre a través de su prisma jamás
actuara entera y libremente; estará sucesivamente gobernado
por fuerzas internas que no provienen del Cristo, cuyo poder y
cuya existencia misma ignora por completo ya que estas moran en
la oscuridad.
Recuérdese que la caridad consiste en el amor desinteresado
hacia los demás y en este hacer, se necesita estar liberado
de si mismo y de sus prismas internos que deforman la Conciencia
Cristica. La voluntad es una armonía poderosa y no una
división que produzca contracción repentina y pasajera
en su ser externo cada vez que se quiera servir a los demás.
Muchos en la acción de dar creen hacerlo, pero nada hacen
mientras se encuentran sometidos a deficiencias internas, aquellas
que provienen del conjunto de complejos que en las profundidades
del subconsciente moran. En el discípulo esto no puede
suceder a pesar suyo, sin que él sepa ni como ni porque.
Deberá dejar la tendencia de pensar y obrar sin ser conciente
de si mismo ya que si no es conciente, está dormido, pero
como esta dormido, ignora que lo está y ésta es
la causa de todo su sufrimiento y el que provoca a los demás.
Debemos sostenernos en el mandamiento que Jesús nos da
respecto del amor, cuando nos dice; “Tienes que amar a Jehová
tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda
tu mente”. Siendo Dios Yo Soy la Fuente Suprema de Todo,
al amarlo por sobre todas las cosas, se esta amando todo lo que
existe. Ese sentimiento supremo de amar a Dios implica toda tú
naturaleza inferior junto con la naturaleza superior que mora
en ti, unida en conformidad a este Aspecto Divino de Dios, el
amor. Por eso Jesús continua diciendo, “este es el
más grande y el primer mandamiento”. Viene a ser
el mayor precepto u orden de lo superior a lo que debemos apegarnos,
puesto que de hacerlo, la Santa Caridad con nosotros siempre permanecerá.
La caridad es este valor que no pertenece al campo de los sentidos,
por ser de la apreciación del entendimiento o la razón
humana, que al conducirse con discernimiento, provoca que la potencia
del Cristo, virtud por la cual concibe las cosas, las compara,
las juzga, e induce y deduce otras de las que ya conoce, puede
apartarnos de las tinieblas y hacernos trillar de forma segura
el sendero mediante la caridad.
LAS MIES TENDIDAS
El quebrantar la mies tendida, como la fe, la esperanza y caridad
en este espacio de tierra limpia y firme, que es el Sendero Espiritual,
podemos hacer el pan de cada día apetecible a los ojos
de Dios.
Por eso Jesús, nos afirma que el segundo mandamiento es
semejante al primero, al decirnos; “Tienes que amar a tu
próximo como a ti mismo”. Para amar al próximo
tenemos que amarnos a nosotros mismos con verdadero conocimiento
de nosotros, ya que obramos todos a través de nuestro estado
físico, emocional y mental, si nuestro estado de conciencia
es bueno nuestras acciones serán buenas, y si nuestro estado
de conciencia es potente, produciremos potentes acciones, que
nos conducirán constructivamente en nuestro entorno y hacia
los demás, depurando y reconstruyendo. En esto consiste
este verdadero amor que es la caridad.
Jesús nos enseña a desenvolver el amor Cristico
al decirnos; “Ámense unos a otros como yo los he
amado”. Esto es amar sin distingo de ninguna clase, sin
nada que separe o divida, es amarse totalmente en la unidad que
proporciona el Cristo Desenvuelto, es el Amor Cristico en su máxima
expresión.
Son tan importantes estos mandamientos de Jesús, que nos
mandan a obrar en caridad o amor desinteresado hacia los demás
que nos dice; “De estos dos mandamientos pende toda la Ley,
y los profetas”. Que la regla y norma constante e invariable
de las cosas, nacidas todas de LA CAUSA PRIMERA, DIOS y de aquellos
que hablan en su nombre, ensanchando los bordes de su reino, por
su inspiración, están suspendidas y subordinadas
por la fuerza más grande que existe en toda la vasta creación,
el AMOR.
Por lo tanto si no tienes esta poderosa fuerza cohesiva al ofrecer
tu servicio o caridad a los demás, nada haces.
Pablo de tarso, unos de los apóstoles más activos
de Jesús, nos dice; “el amor es sufrido y bondadoso”.
Es decir que sufre con resignación, es una entrega voluntaria
que se hace a alguien o a los demás, poniéndose
al servicio. Tiene conformidad, tolerancia y paciencia en las
adversidades y es confortador.
Por eso quien toma los votos de caridad y vive en conformidad
al amor desinteresado, aquel que se da por virtud de amar a la
Fuente Suprema de todo el Universo, vive en unidad.
San Pablo, nos sigue diciendo; “El amor no es celoso, no
se vanagloria, no se hincha, no se porta indecentemente, no busca
sus propios intereses, no se siente provocado. No lleva cuenta
del daño”. Es decir que el amor no es una prisión,
y una forma aguda de autoritarismo, que produzca desequilibrios.
El amor no acapara, ya que el que sufre esta herida mortal cree
amar, pero no hace sino buscar su propia seguridad interior.
El amor desinteresado no se jacta de su propio valer u obrar,
no es desordenado y presuntuoso, ni mucho menos vano y presumido.
Quien viva en caridad no ofende, no es indecoroso y siempre su
accionar es decente y no busca provecho, utilidad o ganancia.
No incita o induce a los demás a que ejecuten algo en beneficio
propio, tampoco irrita o estimula con palabras u obras para que
los demás se enojen. No considera ni está en la
acción de contar el efecto del daño que le pudieran
realizar o hacen, porque tiene respeto a las ideas, creencias
o practicas de los demás cuando son diferentes o contrarias
a las propias.
La caridad es aquella fuerza que llevamos dentro que produce el
efecto cristico, por la que el discípulo que la desenvuelve
pueda amar a Dios sobre toda las cosas. Es ese vigor o valor que
también da potestad de obrar en amor hacia los demás.
Jesús nos dice; “Oyeron ustedes que se dijo: “Tienes
que amar a tu próximo y odiar a tu enemigo’. Sin
embargo, yo les digo: continúen amando a sus enemigos y
orando por los que los persiguen; para que demuestren ser hijos
de su Padre que está en los cielos, ya que él hace
salir su sol sobre inicuos y buenos y hace llover sobre justos
e injustos”. La ley dura de los hombres nos manda a sentir
amor sólo por aquellos que nos aman y repudiar a todo aquel
que supuestamente es nuestro enemigo. Pero aquí tenemos
el llamado a desenvolver la Conciencia Cristica, para que surja
el cambio rápido y profundo, que nos envié a un
actuar lleno de compasión y caridad a la persona que nos
tiene mala voluntad y que nos desea o hace el mal. También
es una invitación a que en lo intimo, en nuestros ruegos
a Dios o a sus Santos Maestros, nos acordarnos de ellos y pidamos
misericordia. Así de esa forma estaremos demostrando que
este cambio profundo en nuestro proceder, ha operado en nosotros
la virtud de vivir en caridad, caridad que incluye a malvados
e injustos, como así también a los de bondadosa
templanza. Porque la Conciencia Cristica, es como el Padre Celestial
que ama, ilumina y refresca a los que obran según justicia
y razón, como a aquellos que no son justos o equitativos.
VIVIR EN SANTA CARIDAD
Para vivir en santa caridad hay que contemplar y realizar, los
grados que nos han de llevar a la humildad, embebidos de la obediencia
y dispuestos a vivir en votos de pobreza.
Humildad porque de esta forma podemos vivir abajados, poniendo
el “yo personal” en el lugar inferior a aquel en que
estaba y de esta forma darle gloria sólo a Dios.
Obediencia voluntaria y de conciencia, ya que es el único
modo en que se produzca una verdadera transformación en
el discípulo.
Y el voto de pobreza porque es una forma concreta de realizar
la Conciencia Cristica y una practica radical de la Presencia
de Dios.
En estos pasos del ejercicio espiritual que nos conducen a vivir
en santa caridad, recordemos las palabras de Jesús, cuando
nos señala la actitud correcta que se ha de tener en el
Sendero; “Porque todo el que se ensalza será humillado,
y el que se humilla será ensalzado”. Todos aquellos
que se engrandecen o exaltan a si mismos, haciéndose grande
ante los demás, entonces la vida y su sabiduría
le abatirá el orgullo y la altivez. Más aquel que
se inclina ante la gloria de Dios, doblando la cabeza en señal
de sumisión, renunciando al fuero que el propio “yo
personal” se otorga, será engrandecido.
Jesús nos sigue dando las clave para vivir en santa caridad,
diciendo; “Cuando des una comida o una cena, no llames a
tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos
ricos. Quizás alguna vez ellos también te inviten
a ti en cambio, y esto llegue a ser tu pago correspondiente”.
Ya que no habrá merito en tu vida si dispones todo tu esfuerzo
en agradar a los que ya tienen y te aman, en eso no va la caridad,
pues es más bien tu deber, que tu servicio a la vida, aun
cuando te esfuerces por realizarlo.
Continua Jesús diciendo; “Pero cuando des un banquete,
invita a los pobres a los lisiados a los cojos, a los ciegos;
y serás feliz, porque ellos no tienen con qué pagártelo.
Pues se te pagará en la resurrección de los justos”.
Es una hermosa sugerencia para practicar la caridad y la unidad,
yendo más allá de tu circulo familiar y de amistades,
invitando a una comida donde los invitados sean muchas personas,
pero de condición desdichada por no tener el sustento diario,
o por ser infelices, debido a un impedimento físico, o
sentando a tu mesa a los rechazados y juntos a ellos celebrar
el acontecimiento más grande que ser humano pueda celebrar,
la común unión en la Conciencia Cristica, lo que
trae dicha y bienaventuranza, acción que te dejará
a las puertas de la ascensión, por tu proceder que obra
según justicia y razón.
Así ha de estar el que aspira al sendero, ligado por el
voto más solemne de servir totalmente en desinterés
personal, ni siquiera en grado mínimo de obtener para si
mismo gloria o reconocimiento, porque el honor y gloria será
por siempre para Dios.
La caridad y la paciencia deben ir juntas, ya que la paciencia
es una expresión de sabiduría y la caridad una virtud
interna de la Conciencia Cristica, que infunde en el ánimo
un impulso afectivo, por lo que considérese a ambas como
requisitos desenvueltos para servir con total desprendimiento
de si mismo.
La paciencia es un efecto de la fuerza y de la lucidez y la caridad
el poder y la potestad de obrar.
Esta será la medida del que aspira al sendero de servicio
a la vida, por eso es importante recordar la ley que el Maestro
Jesús nos señalará; “Por lo tanto,
todas las cosas que quieren que los hombres les hagan, también
ustedes de igual manera tienen que hacérselas a ellos;
esto, de hecho, es lo que significan la ley y los profetas”.
Si quieres respeto, cortesía, atención y buen modo,
otórgalo primero tú, así serás tratado
con excelente urbanidad. Esta es la regla y norma constante e
invariable que no se debe olvidar jamás, menos aquel que
aspire al Sendero Espiritual, ya que también es la ley
que rige a todos aquellos que hablan o facilitan la Enseñanza.
Cuando se vive en las Practica de la Presencia de Dios, surge
espontáneamente la caridad producto de la pureza del alma
y de la confianza en si mismo y en los demás.
La caridad acoge, es opuesta a la tristeza o el pesar del bien
ajeno, es un impulso a la unidad y destierra la animadversión.
Es el camino del discípulo de la Luz, que siempre lleva
los brazos extendidos a los demás en señal de estar
siempre presto al auxilio.
Por eso dice la vida que el sabio reposa en el amor y en la caridad,
porque este reposo vital lo hace poderoso y aleja la mala voluntad
contra alguien, posesionándolo también con la convicción
de que todo saldrá bien, porque está protegido por
este Aspecto de Dios desenvuelto, que se convierte en la esperanza
de los desvalidos, la que baja de las alturas al corazón
de los hombres, que dispuestos a expresar la santa caridad, la
acogen para ser el medio humano por donde la Poderosa Presencia
de Dios Yo Soy el Absoluto, se asoma a sus mundos.
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